Estamos transitando el Año de la Semilla, el
año del florecimiento…
Buscando
en el Tzolkin, hace unos días me quedó pegada una frase: “convertirme
en un puente entre los mundos”… ¡el famoso Enlazador de Mundos!
Ese día era Enlazador, sí… pero me dejó pensando, “regulando”, como decimos los
argentinos…
Y con
todos los movimientos que hay en el cosmos —entre eclipses, alineaciones, Aries
grado cero, Saturno, Año Nuevo chino del Caballo— dejamos también un año
numerológico 9 y entramos en un 1. ¡Amigo, cuánto movimiento energético es eso!
¿¡Abruma, no!? Jajaja.
Y ahí es
cuando uno mira un poquito para atrás (no muy lejos: solo 2025) y empieza a
entender: no es que estamos locos. No, no. Es que el universo nos está
mostrando, de todas las maneras posibles y con su infinito amor (sí, amor…
aunque a veces nos haga llorar), que hay cositas, mi ciela, que debemos soltar.
Otras que es menester —casi obligado— aclarar, para saber hacia dónde es que
vamos a ir. Porque sí: todos tenemos un propósito…
Todos
somos parte del universo, de su energía que está en constante movimiento… Así
que: a buscar un cuaderno, un papel, una agenda, un documento de Word… ¡lo que
sea! ¡Y a escribir! Porque si vamos a bailar, vamos a bailar con propósito:
plenos, conscientes, perfectos… y, sobre todo, presentes.
Bienvenidos
a este nuevo año, que va a estar colmado de bendiciones y aprendizajes. Este
nuevo año que vamos a transitar dando lo mejor de nosotros, siempre. El año en
que sembraremos lo que vamos a cosechar, con propósito y con amor.


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