¿En qué iba? ¡Ah, sí! En eso de que es mejor arrancarme la cabeza.
El asunto es este: hace mucho que no escribo en el blog y, aunque
acá ya es de madrugada, se me metió en la cabeza que hoy es el día. Hoy, 11 de
julio, es el momento de escribir el artículo que traiga nuevamente la luz a Historias
bajo la Luna.
Pero, ajá… tengo muchas ideas y muchas cosas para contar. Sin
embargo, hay una que resuena más fuerte que las demás y está conectada con la
magia.
Como no sabía por dónde empezar, fui a consultar mi guía energética del día. Obvio: revisé el Tzolkin de hoy y… ¡paf! ¡Hoy tenemos mago maguísimo! Y el mensaje es más que claro: «Restaurar el equilibrio al traer más magia a mi vida y al mundo que me rodea». Y eso… uff. Me hizo clic en muchos sentidos.
Pero ¿por dónde empezar? Mientras releía mis últimos artículos del
blog, comenzó a desenredarse una respuesta. ¡Sí! ¡Yo misma la tenía delante y
la estaba ignorando! No me van a decir que nunca les pasó, ¿eh? Miren que no
les creo.
La pregunta «¿Qué es la magia?» no me cerraba por ningún lado
porque no era exactamente la pregunta que quería nacer. Lo que estaba buscando
un nombre era otra cosa: ¿Dónde vive la magia?
Y vamos a citarnos para aclarar el asunto. En Presente
escribí que somos parte de una energía en movimiento y que debemos elegir cómo
participar de esa danza: con propósito, conciencia y presencia.
Y en el texto de Semana Santa aparece esta idea: «La magia más profunda no consiste en escapar del mundo, sino en permanecer plenamente en él».
El cierre vuelve exactamente al mismo lugar: no se trata de
renacer para huir hacia algo celestial, sino de regresar a la vida
transformadas, con eje, con sentido y con otra conciencia.
Y entonces aparece la voz de Luz Althea, una de las protagonistas de Lavandas en flor. ¿Coincidencia? Mmmm, no creo. Porque ella no es una hechicera que lanza conjuros. No es maga porque controle lo invisible. Es maga porque escucha, protege, sana, crea y permanece. Cambia de rostro, de época y de nombre, pero su misión no cambia.
Y acá está lo que a mí me hizo clic:
Althea no representa a una mujer extraordinaria. Representa lo
extraordinario que habita en muchas mujeres aparentemente comunes.
La que intuye antes de comprender. La que sostiene, aunque nadie
lo vea. La que transforma una herida en relato. La que prepara una comida, cura
un cuerpo, escribe una historia, planta una semilla, acompaña un duelo o abre
una puerta.
La que ha sido muchas mujeres a lo largo de una sola vida.
«Todas ellas y ninguna eran ella»
Porque quizá la magia no pertenezca a una elegida. Quizá Althea no
sea solamente la guardiana de las que sueñan, sanan y crean. Tal vez sea
también la forma simbólica de nombrarlas a todas.
Y hoy, como les decía antes, es Mago Rítmico Blanco, que habla de
organizar, equilibrar y devolver la magia a lo cotidiano. No parece una energía
que venga a preguntarnos qué poderes poseemos. No, no. Viene a plantearnos algo
mucho más interesante: ¿Qué sucede cuando dejamos de buscar la magia
fuera y reconocemos la forma en que ya actúa a través de nosotras?
EUREKA!!! ¡Ahí estaba el gran secreto! ¡La respuesta! ¡Nosotras
somos magia! Antes, ahora y siempre.
Somos la magia encarnada: esa que no siempre hace prodigios, pero
transforma lo que toca porque está presente.
Y Althea, a través de todos sus rostros y todas sus vidas, nos conecta
con la mujer que fuimos y con la que estamos construyendo.
Es la magia de estar. Estar
presentes. Estar disponibles para escuchar. Estar cuando algo
necesita ser sostenido. Estar dentro de nuestra propia vida, sin huir de
ella.
Porque el Mago no corre: habita.
Y Althea no posee una sola identidad: está presente a través de
todas ellas.
Tal vez la magia no sea alterar las leyes del mundo, sino
habitarlo con tanta presencia que algo inevitablemente se transforme.
La maga no es la que conoce todos los secretos. Es la que ha
aprendido a escuchar lo que pide nacer. Ustedes, qué creen?


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